Muchas grandes empresarios han fracasado antes de triunfar

Los mejores empresarios han fracasado antes de triunfar

El arte de equivocarse: Por qué los mejores empresarios han fracasado antes de triunfar

Vivimos en una sociedad que padece una profunda fobia al error. Desde pequeños, el sistema educativo nos enseña que equivocarse es sinónimo de un suspenso, de pasar vergüenza frente a la clase o de no ser lo suficientemente listos. Cuando crecemos y entramos en el mundo de la empresa, ese miedo se magnifica. Nos aterra proponer una idea atrevida en una reunión, lanzar un producto innovador o dar el salto para emprender porque tememos que, si las cosas salen mal, seremos etiquetados como «fracasados» de por vida.

Esta mentalidad es el mayor freno para el talento y la innovación. Si analizamos la biografía de los empresarios, inventores y líderes más exitosos de la historia, descubriremos un secreto que las redes sociales suelen ocultar: el éxito no es el camino opuesto al fracaso; el fracaso es, en realidad, el único mapa que te lleva hacia el éxito.

Equivocarse y fracasar en un negocio no es el final de nada, sino el principio de un aprendizaje real.

El cementerio de los éxitos que nadie te muestra

Cuando vemos una empresa multimillonaria o un negocio local que siempre está lleno de clientes, tendemos a pensar que sus dueños tuvieron una idea brillante y todo fue rodado desde el primer día. Nos fascina la historia del éxito, pero ignoramos el cementerio de intentos fallidos que hay detrás.

¿Sabías que Henry Ford quebró con sus dos primeras compañías de coches antes de fundar la exitosa Ford Motor Company? ¿O que a Walt Disney lo despidieron de un periódico porque, según su jefe, «le faltaba imaginación y no tenía buenas ideas»? El propio Steve Jobs fue expulsado de Apple, la empresa que él mismo había creado, antes de regresar años más tarde para revolucionar el mundo de la tecnología. Estas personas no triunfaron porque fueran perfectas o tuvieran una suerte divina. Triunfaron porque desarrollaron una habilidad psicológica fundamental en los negocios: la resiliencia y la capacidad de ver cada error no como una derrota personal, sino como un dato científico que les decía qué camino no debían volver a tomar.

La diferencia entre cometer un error y ser un fracasado

Con el fracaso empresarial se aprende

Para perder el miedo a equivocarse en el mundo laboral, lo primero que debemos hacer es separar nuestra identidad de los resultados de nuestras acciones. Si lanzas un proyecto de marketing en tu empresa y no consigue las ventas esperadas, el proyecto ha fallado, pero tú no eres un fracasado. Eres un profesional que se ha atrevido a intentar algo y ahora tiene más información que antes.

En la cultura empresarial de Silicon Valley, el corazón tecnológico del mundo, el fracaso se ve de una forma radicalmente distinta a la europea o latina. Allí, si un emprendedor va a buscar inversión para su segundo negocio tras haber quebrado el primero, los inversores lo ven con buenos ojos. Piensan: «Este candidato ya ha cometido los errores típicos de principiante con el dinero de otro; ahora es mucho más maduro y sabe qué trampas evitar». El error se considera una inversión en experiencia, una especie de máster acelerado y práctico.

Cómo equivocarse bien: El concepto del «fallo barato»

Aceptar el error no significa que debas ser un temerario y arruinarte a la primera de cambio. El arte de equivocarse consiste en hacerlo de forma inteligente. En el mundo de los negocios actuales existe una regla de oro: falla rápido y falla barato.

Si tienes una idea para un nuevo negocio o servicio, no te pases dos años encerrado en una oficina gastando miles de euros en desarrollarlo en secreto antes de enseñárselo a nadie. Crea una versión muy simple, barata y rápida (lo que en el mundo empresarial se llama un «producto mínimo viable») y muéstrala al mercado cuanto antes. Si a la gente no le interesa, habrás «fracasado», sí, pero habrás perdido solo una semana de trabajo y muy poco dinero. Ese feedback de los clientes reales te permitirá corregir el rumbo, cambiar el producto y volver a intentarlo con muchas más probabilidades de éxito. El verdadero problema no es cometer un error; el problema es enamorarse de tu idea y seguir gastando recursos en algo que el mercado te está diciendo claramente que no funciona.

El miedo paraliza; la acción cura

Muchas grandes empresarios han fracasado antes de triunfar

El miedo al fracaso tiene un efecto secundario terrible: la parálisis por análisis. Te pasas meses dando vueltas a un proyecto, buscando la perfección, puliendo detalles insignificantes y esperando el «momento perfecto» que nunca llega. Mientras tanto, tu energía se agota y otra persona con menos miedo y más ganas se te adelanta.

La próxima vez que sientas ese nudo en el estómago ante un reto profesional o un emprendimiento, hazte esta pregunta: ¿Qué es lo peor que podría pasar si sale mal? En el 95% de los casos, la respuesta no es el fin del mundo. Perderás algo de tiempo, quizás algo de dinero, pero ganarás una lección de vida que ningún libro ni universidad te podrá enseñar jamás.

Atrévete a equivocarte. Al final de la vida laboral, la gente no se arrepiente de los errores que cometió intentando cumplir sus sueños; se arrepiente de las cartas que nunca se atrevió a jugar por miedo a perder la partida.

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